Presentación del artículo a cargo de Manuel, miembro del club
Articularia
El artículo que comentamos apareció publicado en el periódico La Vanguardia el 25 de julio de 1916. El texto fue epílogo de un libro del mismo autor titulado “El parlamentarismo español” que recoge las crónicas parlamentarias entre 1904 y 1916 escritas por Azorín, faceta ésta de cronista político menos conocida; fue cinco veces diputado, por lo que conoció bien la política por dentro. Este artículo va a dar la oportunidad al Club de conocer lo que se opinaba de los políticos en aquella y a la vez hacer una comparativa con la imagen que de ellos se tiene en la actualidad. Azorín hace un elogio de la labor de políticos no sólo de su época sino también de los inmediatos a él: “Para las figuras de nuestro Parlamento desaparecidas (…) nuestro recuerdo simpático desde estas páginas”. La parte central se trata de una defensa de la labor del político ante las críticas que contra ellos se hacían: así ideas como “la culpa de todos los males”, “escasa curiosidad mental de los políticos” o “verborrea, farrango (…) de nuestras discusiones parlamentarias”, Azorín las rebate diciendo que los políticos no son ni mejor ni peor que las demás clases sociales, se esfuerzan por estar al tanto de lo que ocurre en el país y consideremos el cúmulo aterrador de libros anodinos de muchos escritores. Sorprende entre los miembros del Club esta defensa a ultranza (estricta defensa) a la imagen de los políticos; para algunos es sincera, para otros “qué puede decir un político de sí mismo”, es un “estómago agradecido”. Algún (un) miembro subraya las consecuencias funestas que puede traer la mala política y otro destaca la desconfianza entre afines políticamente: “prefiero que la puñalada me la den de frente”. También se pone de manifiesto a lo largo del debate la mejor capacidad de oratoria de los parlamentarios de esa época en comparación con los actuales y otro componente de Articularia pone de manifiesto que los políticos de esa época se preparaban bien los discursos porque se dirían a la población culta, mientras que hoy en día la gente está más preparada pero es menos exigente. Desde aquí animamos a participar a todo el que quiera dejar sus reflexiones sobre la figura de los políticos y proponemos cómo se puede mejorar la imagen que se tiene de ellos
El artículo que comentamos apareció publicado en el periódico La Vanguardia el 25 de julio de 1916. El texto fue epílogo de un libro del mismo autor titulado “El parlamentarismo español” que recoge las crónicas parlamentarias entre 1904 y 1916 escritas por Azorín, faceta ésta de cronista político menos conocida; fue cinco veces diputado, por lo que conoció bien la política por dentro. Este artículo va a dar la oportunidad al Club de conocer lo que se opinaba de los políticos en aquella y a la vez hacer una comparativa con la imagen que de ellos se tiene en la actualidad. Azorín hace un elogio de la labor de políticos no sólo de su época sino también de los inmediatos a él: “Para las figuras de nuestro Parlamento desaparecidas (…) nuestro recuerdo simpático desde estas páginas”. La parte central se trata de una defensa de la labor del político ante las críticas que contra ellos se hacían: así ideas como “la culpa de todos los males”, “escasa curiosidad mental de los políticos” o “verborrea, farrango (…) de nuestras discusiones parlamentarias”, Azorín las rebate diciendo que los políticos no son ni mejor ni peor que las demás clases sociales, se esfuerzan por estar al tanto de lo que ocurre en el país y consideremos el cúmulo aterrador de libros anodinos de muchos escritores. Sorprende entre los miembros del Club esta defensa a ultranza (estricta defensa) a la imagen de los políticos; para algunos es sincera, para otros “qué puede decir un político de sí mismo”, es un “estómago agradecido”. Algún (un) miembro subraya las consecuencias funestas que puede traer la mala política y otro destaca la desconfianza entre afines políticamente: “prefiero que la puñalada me la den de frente”. También se pone de manifiesto a lo largo del debate la mejor capacidad de oratoria de los parlamentarios de esa época en comparación con los actuales y otro componente de Articularia pone de manifiesto que los políticos de esa época se preparaban bien los discursos porque se dirían a la población culta, mientras que hoy en día la gente está más preparada pero es menos exigente. Desde aquí animamos a participar a todo el que quiera dejar sus reflexiones sobre la figura de los políticos y proponemos cómo se puede mejorar la imagen que se tiene de ellos

